8 cosas que me hubiese gustado saber antes de viajar en bicicleta

8 cosas que me hubiese gustado saber antes de viajar en bicicleta

Qué diferente hubiese sido mi primer viaje en bicicleta si en este momento hubiese conocido estos consejos de cicloturismo.

En este artículo del blog he decidido rescatar la charla de Nati Bainotti para el Festival de Cicloturismo en Casa y recopilar todos los consejos que nos ofreció. Para quienes no la conozcáis, Nati Bainotti es una chica argentina que viaja sola en bicicleta y, además, escribe. Os recomiendo muchísimo que leáis su blog o sigáis sus aventuras en Instagram. Tiene una manera de sentir y de transmitir que no os va a dejar indiferentes.

Casi todo lo recogido en este artículo son consejos de Nati Bainotti, no míos. Aunque, claro, no puedo estar más de acuerdo con ella.

La única persona que tiene que darte permiso eres tú misma

Muchas veces, antes de comenzar un viaje, tendemos a preguntarle a la gente, o simplemente contarles, que vamos a hacer un viaje en bicicleta. Inconscientemente, lo que buscamos es que la otra persona te diga, «¡claro, a qué estás esperando, coge tu bicicleta y vete a descubrir el mundo!». Sin embargo, la realidad es muy diferente. Normalmente se lo vamos a contar a nuestro círculo cercano y, en numerosas ocasiones, ese círculo no va a compartir nuestra pasión por los viajes. La respuesta que obtendremos será algo más parecido a «¡tú estás loca!» «¡Pero qué necesidad tienes de irte a viajar en bicicleta!».

Así que antes de contarlo, piensa bien si te compensa.

No necesitas tener todas las respuestas

Salir de viaje esperando saber dónde vas a dormir, qué paisajes vas a ver, qué te va a pasar… es complicado. Preguntarnos, qué pasa si me pongo mala, qué me pasa si me quedo sin dinero y qué pasa sí… No tiene mucho sentido. La vida es incertidumbre. La vida en la ciudad nos da una falsa sensación de control porque sabemos dónde vamos a dormir o qué vamos a comer porque llegamos a casa, abrimos la nevera y la tenemos llena o sabemos dónde comprar la comida. Si nos ponemos malos, sabemos a qué médico vamos a ir… Y así prácticamente con todo.

Aunque no hay mejor situación que esta que estamos viviendo para ser conscientes de que la vida es incertidumbre. No sabemos cuándo vamos a poder ver de nuevo a nuestros seres queridos, qué va a pasar con nuestros trabajos… y eso es exactamente lo que pasa en los viajes. No necesitas tener todas las respuestas, está genial saber cómo va a ser el camino, el clima, el terreno… pero no necesitamos saberlo todo y, precisamente, uno de los motivos por los que viajamos es porque nos gusta esa incertidumbre.

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Todos tenemos miedo

Tener miedo para viajar es normal, no esperes no tener miedo. Si queremos irnos de viaje y esperamos a que el medio desaparezca, vamos a tener que esperar eternamente. Es norma que nos enfrentemos a situaciones que nos inquieten. Generalmente, cuando decides hacer el viaje, una vez que sales, todo ese miedo se disipa. Comienzas a sentir la libertad que te va a acompañar en los próximos días. Es mágico, te das cuenta de que no era para tanto.

Confía en el otro pero primero confía en ti

Si estás viajando en bici y te encuentras con alguien que te dice: “por ese camino hay muchas cuestas, no vas a poder”. Plantéatelo bien.

Tendrás la opción de intentar parar a un coche y meter tu bici dentro pero, igual, lo que realmente quieres es retarte a ti misma y saber que eres capaz de hacerlo. Recuerda que viajar en bicicleta no es sinónimo de hacer una carrera. Puedes tardar lo que quieras en hacer 50 kilómetros, como si quieres hacerlo en varias semanas. Lo bueno de viajar sola es que tú decides. Posiblemente llegues, a tu ritmo, pero llegues. No tienes por qué confiar más en lo que otra persona piensa que puedes lograr que en lo que tú sientes que puedes hacer.

Ten paciencia

Una pregunta que nos suelen hacer mucho a la gente que viajamos en bicicleta es: ¿cuántos kilómetros pedaleas por día?, ¿cuántos kilómetros debería pedalear?

U otra forma de preguntarlo, ¿cuántos kilómetros se espera que yo pedalee? Y la respuesta es nada. Nadie espera que pedalees nada. Tú tienes que hacer los kilómetros que quieras, los que te sientas cómoda haciendo, los que te apetezcan.

Tienes que estar contenta con tu ritmo de viaje. Hay veces que nos enfadamos con nosotras mismas y nos decimos «debería hacer esto más rápido», «debería llegar antes a este sitio»… Y esto pasa generalmente en las subidas, nos autoexigimos algo y, realmente, no tenemos que hacerlo. Tienes que tener paciencia contigo misma y saber que en bicicleta viajas despacio. Y tienes que ser consciente que en el ritmo que lleves va a afectar directamente el tipo de terreno que estés transitando. 

Aprende a recibir y permítete pedir

Muchas veces tenemos miedo de pedir lo que necesitamos. Muchas veces la gente nos quiere ayudar en el camino y somos nosotras mismas las rechazamos esa ayuda. Por ejemplo, alguien nos quiere dar algo y nosotras respondemos “no, no”.  Si alguien te regala algo, es porque quiere. 

Es muy común que cuando te ven en bicicleta te ofrezcan cosas. Igual es porque nos ven vulnerables o indefensas, pero la gente empatiza mucho con nosotras. Si le damos la vuelta a la tortilla puede pasar lo mismo. Hay momentos que por vergüenza o por cobardía no nos animamos a pedir algo, ya sea acampar en el jardín de una familia y, de lo que no somos conscientes, es de que podríamos estar rechazando una experiencia que podríamos guardar en nuestros recuerdos para siempre.

Viajar tiene su propia rutina

En numerosas ocasiones escuchamos la frase «odio la rutina». En realidad, lo que esas personas odian es su rutina. No les gusta levantarse a la hora que se levantan, no les gustan ir al trabajo al que van… Todos tenemos una rutina, no existe una vida sin rutina.

Viajar también tiene su propia rutina. En el viaje te levantas, estiras, preparas tu desayuno, desmontas la tienda de campaña, empiezas a pedalear, paras a comer, a beber agua, sigues pedaleando, antes de que anochezca buscas un sitio para acampar… Y al día siguiente es lo mismo. Es una rutina. Lo que pasa es que con diferentes paisajes, con diferentes personas. Es una rutina de incertidumbre, pero al fin y al cabo una rutina. 

Viajar no es irse lejos ni por mucho tiempo

Viajar es una forma de ver el mundo. Para viajar no necesitamos irnos al Cáucaso, ni al sudeste asiático, ni hacerte Alaska – Usuhaia. Cuatro días es un viaje. De hecho, cuando hacemos un viaje largo, en nuestra mente, cuando pensamos en ellos, lo hemos dividido en fragmentos.

En mi caso, cuando viajé al sudeste asiático, una parte del viaje fue el norte de Tailandia, otra parte fue el norte de Laos, otra parte el sur de Laos… En mi cabeza está totalmente estructurado y tiene sentido. Y, cuando viajé por Andalucía, aunque tan solo fue una semana, en mi mente también lo tengo dividido. Porque el viaje fuesen menos días no quiere decir que fuese menos viaje. Al revés, ha sido uno de los que más he disfrutado porque lo realicé en un momento que me apetecía muchísimo viajar.

Si te ha gustado esta entrada también podría gustarte: tres errores de mi primer viaje en bicicleta, tres aciertos de mi primer viaje en bicicleta o cómo empezar.

Quién soy

Laura en Tailandia

Hola, soy Laura, periodista, economista y aventurera. Desde hace algún tiempo viajo en bicicleta y comparto consejos. Todo eso que me hubiese gustado saber antes de viajar.

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